domingo, 30 de diciembre de 2012

Resumen * 29 de Diciembre


Inocentemente, sin más pretensión que pasar una tarde entretenida, acabamos celebrando el fin de año con dos días de antelación. Como queremos darle aún más vidilla al Triskel del Norte, organizamos una quedada informal, y allí nos vimos un grupín de amigos a la hora de la comida, en la que charlamos amenamente sobre este mundo que nos apasiona, y, como siempre, aprendimos cosas. Como somos muy buenos amigos, hicimos lo que hacen los buenos amigos después de las comidas... jugar una partida de cartas. Eso sí, aquí con putaditas para el que perdía. Coreografías imposibles atados de pies y manos, reproducciones de versiones pornográficas de clásicos Disney o gang bangs simuladas nos sirvieron para reírnos a gusto.

Pero claro está, no sólo habíamos quedado para comer, esto es El Triskel del Norte, y aquí nos une el BDSM, por lo que pronto salieron a relucir las cuerdas, y entre nudo y nudo se nos fue pasando buena parte de la tarde. Algunos consejos, algún nudo que parecía resistirse pero que finalmente salió a la perfección y mucha complicidad.
Al tiempo que salieron las cuerdas a relucir, también salieron fustas y paletas, de las que se dieron buen uso y algún sumiso acabó con el culo dolorido. Otros prefirieron el uso de la mano e incluso los pies, con los que se pateó el trasero de alguno, e incluso las pelotillas sintieron la caricia de la bota. Las mismas botas que después el sumiso tendría que limpiar con dedicación y gratitud. Aunque gratitud es lo que sintió alguno cuando, por fin, le permitieron ir al servicio, después de verse, casi, casi, orinándose con unos pañales.
Y como somos gente impulsiva, decidimos, así porque sí, adelantar la Nochevieja, ya que esa noche tan especial no íbamos a poder vernos. Una cena improvisada, servida, más o menos, por algún sumiso ataviado únicamente con unas braguitas, con sus uvas y todo. Eso sí, como no podía ser de otro modo, los sumisos al suelo y con comedero. Hubo quien acabó la cena con la cara embadurnada en chocolate, y quien acabó mojado, quizá por respondón. Un teléfono móvil nos sirvió para comer las uvas (o sustitutivos, pues no a todo el mundo le gustan las uvas), un brindis con sidra enchampanada sin alcohol (como sabéis, en El Triskel no entra el alcohol, estamos convencidos de que los juegos para ser 100% seguros tienen que ser 0,0) y el inevitable «¡Feliz Año Nuevo!» con el que brindamos por los amigos, por El Triskel y por otro año más dando guerra.
Con esta despedida del año sui generis, dos días antes, podemos asegurar varias cosas. Que no hay mucha gente que pueda tener la suerte de vivir dos Nocheviejas en sólo tres días. Que despedir el año entre buenos amigos es la verdadera suerte, y que hacerlo haciendo lo que más nos gusta es, además, un auténtico placer. Y que ahora sólo queda renovar fuerzas para empezar el año con la misma energía y buen humor con que lo acabamos.
Gracias a todos por estar ahí en este día que, gracias a vosotros, resultó tan especial.

1 comentario:

  1. ¡Una noche para repetir! Fue una tarde-noche genial, de principio a fin.

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